5º. DOMINGO DE CUARESMA

Primera Lectura: Is 43, 16-21 / Salmo Responsorial: Salmo 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6 / Segunda Lectura: Fil 3, 8-14 / Evangelio: Jn 8, 1-11

Ya estamos en el Quinto Domingo de Cuaresma, dos semanas antes de Pascua. Hemos pasado el último mes comprometidos con la oración, el ayuno, el sacrificio y la penitencia en preparación para la Resurrección del Señor y nos hemos esforzado por ser dignos de su sacrificio en la cruz. Ya muchos de ustedes se han acercado el sacramento de la reconciliación y han sido personados de sus pecados. Pero, hermanos y hermanas, aún no hemos terminado con la oscuridad. Hay desierto aún por cruzar. Y este tramo final nos obliga a poner mayor intensidad en nuestra vida espiritual.

En un verdadero sentido, la Cuaresma es un viaje de cuarenta días en el que nos enfrentamos a nuestros monstruos internos, contenemos el impulso de tirar piedras y nos convertimos en las personas que debemos ser: valientes, amables, justos y formidables.

Con eso, pasamos al Evangelio de hoy y la historia de la mujer sorprendida en acto de adulterio. Los escribas y los fariseos la trajeron a Jesús mientras él estaba sentado enseñando en el área del Templo, y querían que Él comentara sobre su destino para que pudieran acusarlo. Ahora bien, el texto no dice nada sobre el hombre que fue atrapado con la mujer, por lo que es imposible saber su destino, tal vez tuvo una sentencia mas leve. Además, los fariseos probablemente ya sabían de la mujer adultera durante algún tiempo y simplemente esperaron la oportunidad de confrontar a Jesús con ella. Colocar la trampa con mucha antelación.

Como ya sabemos, los escribas y fariseos se creían justos bajo la Ley, es decir, justos bajo Dios, y eso los hizo ciegos a su pecaminosidad. Usaron la Ley como un arma contra aquellos que percibían como amenazas a su autoridad. Y de hecho, para ellos Jesús presentaba una amenaza. Envueltos en vestiduras de piedad que escondían, incluso de ellos mismos, su egoísmo e intolerancia, los escribas y fariseos no reconocieron los monstruos en que se habían convertido, listos sin culpa ni vacilación para matar con saña a esta pobre mujer y condenar a Jesús.

Pero en el instante en que oyeron la palabra de “La Palabra hecha carne”, “el que de vosotros esté libre de pecado sea el primero en arrojarle la piedra,” _los hilos de sus vestiduras se deshicieron, y cada uno vio en dura su propia miseria. “Y se fueron uno por uno, comenzando por los mas viejos”.

El Tiempo de Cuaresma es una oportunidad para desnudarnos, para descubrir en nosotros mismos lo que Dios ya sabe, para ponernos de rodillas y podamos escuchar a Jesús decirnos, lo que él le dijo a la mujer en este pasaje: “Yo no te condeno. Vete, y no peques más.”

Hermanos, sigamos adelante viviendo la cuaresma y aprovechando este tiempo que nos queda para cambiar en bueno lo que nos quede de malo y para dejar de tirar piedras y de juzgar a los demás por sus pecados y sus errores.

Guardemos en nuestro corazón y en nuestras mentes las palabras de Jesús: “Yo no te condeno, vete y no peques mas” y a detenernos antes de juzgar escuchando: “aquel que este libre de pecado, que arroje la primera piedra”

¡Que Dios los bendiga!

Padre Antonio Ortiz.


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