TERCER DOMINGO DE ADVIENTO (C)

Escrito por el diciembre 20, 2018

REFLEXION PARA EL TERCER DOMINGO DE ADVIENTO (C)

16 de Diciembre de 2018

LA ALEGRIA CRISTIANA

(Lc 3,10-18)

R.P. Emilio Garreaud I., Director Nacional USA

“Hermanos: Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres”. Con estas palabras a los Filipenses, el Apóstol Pablo muestra que el auténtico cristianismo no es tristeza. Tene­mos motivo para estar alegres pues  “el Señor está cerca”.

La Iglesia busca en este domingo simbolizar  la alegría que surge en medio de la espera y denomina a este tercer domingo de adviento domingo de “gaudete” (alegría). De esta manera las lecturas y en el salmo se proclamarán el gozo por la inminente venida del Salvador.

Pero es necesario un  paso previo: para vivir la alegría cristiana hay que vivir “reconciliados” con Dios, con nosotros mismos, con nuestro prójimo y con la Creación.

Por eso en el Evangelio San Juan Bautista nos llamará a vivir el amor transformante y a volcarnos en amor y servicio a los que nos rodean. Nos invita a ser generosos, caritativos y solidarios: “El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo”.

Nos invita a ser hombres justos que vivamos de acuerdo al Plan de Dios: “No exijáis más de lo establecido”. Nos invita a vivir con transparencia, sin segundas intenciones. Nos llama a proclamar la verdad, a toda costa.’ “No hagáis extorsión a nadie, ni os aprovechéis con  denuncias, sino contentaos con la paga”. Y así añadía… “otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba la Buena Noticia”.

El que obra rectamente y cumple con el Plan de Dios encontrará para su vida la auténtica alegría. A veces nuestro hombre viejo con ayuda del demonio nos hace creer  que lo que nos pide el Plan de Dios no nos va a ser felices. Es en verdad, una repetición del diálogo entre Eva y la serpiente cuando le hace caer en tentación, haciéndole creer que se puede encontrar la felicidad, “el ser como dioses” o “de ninguna manera moriréis”, fuera de la obediencia a Dios. Esto nos debe quedar claro : si Jesús se encarnó fue para que  alcancemos la redención y vivamos felices reconciliados.

Un libro con enseñanzas muy sabias y perteneciente a la primera época del cristianismo, “El Pastor de Hermas”, enseña: “Una persona alegre obra el bien, gusta de las cosas buenas y agrada a Dios. En cambio el triste siempre obra el mal”.

En esta misma línea, de vivir la coherencia para conseguir la alegría, nos enseñaba San Basilio (Homilía sobre la alegría): “Siempre estarás gozoso y contento si en todos los momentos diriges a Dios tu vida, y si la esperanza del premio suaviza y alivia las penalidades de este mundo”.

El camino hacia la auténtica felicidad, se construye día a día. Solamente optando con autenticidad, por el Señor Jesús, podremos proclamar como nuestra Madre, la alegría de ser cristiano. A ella podemos aplicar las palabras que Sofonías que hoy nos presenta la Iglesia en la primera lectura: “Regocíjate, hija de Sión; grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón Jerusalén”.


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