DOMINGO DE LA SANTISIMA TRINIDAD.

Primera Lectura: Prov 8, 22-31 / Salmo Responsorial: Salmo 8, 4-5. 6-7. 8-9 / Segunda Lectura: Rom 5, 1-5 / Evangelio: Jn 16, 12-15

Al volver a tomar el Tiempo ordinario en el ciclo litúrgico, la Iglesia Católica nos pone la celebración de una fiesta muy importante que es la misma esencia de Dios: La Santísima Trinidad: Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Hoy nos podemos hacer una pregunta muy importante: ¿En qué Dios creo? Que concepto o idea tengo de Dios en mi vida? ¿Cuál es el Dios que mueve mi existencia? ¿Busco a Dios para que me sirva o más bien yo busco servir y ama a Dios con todo mi corazón, con todas y mis fuerzas y con toda mi mente?

El principal misterio para los católicos es el Misterio de la Trinidad, es el más grande, sublime y perfecto. Sobre él, se han cuestionado teólogos, apologistas, los mismos apóstoles les costaba creérselo. Y es que es increíble para nuestra mente concebir «un solo Dios, pero en tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo». San Agustín fue uno también que se cuestionó sobre dicho misterio, de él se nos cuenta una impresionante historia.

Cierta vez, se paseaba San Agustín, por la orilla de la playa, meditando sobre la Santísima Trinidad y cómo era posible que hubiera 3 Personas en un mismo y único Dios. En esto, se encuentra con un niño que, sentado en la arena, intentaba pasar el agua del mar en un pequeño hoyo que había cavado en la arena.

El santo le pregunta:

– Qué estás haciendo?
A lo que el niño le responde:
– Quiero poner toda el agua del mar en este hoyo.
– Pero no! Eso no es posible!

Entonces, nuestro Buen Niño le responde:
– Es más fácil que yo meta todo el mar en este hoyo que el misterio tan grande de la Santísima Trinidad sea comprendido por la mente humana! Si lo comprendes, no es Dios. Dicho esto, el Niño desapareció.

Intentar entender el misterio de la Trinidad es querer hacer lo que ese niño pretendía: meter toda el agua del mar en un pequeño hoyo. Nuestra mente es tan pequeña que tan sublime misterio no cabría en nuestras capacidades intelectuales, por eso el santo afirma «si lo comprendiéramos, no es Dios».

Pero aunque no entendamos este misterio de fe, nosotros expresamos que creemos en El de otras formas más prácticas. No entendemos con la mente pero lo expresamos en nuestra vida diaria.

¿Como? Cuando todos los días nos levantamos y hacemos en nosotros la señal de la cruz y nos persignamos. Cuando salimos de cas rumbo al trabajo, cuando empezamos nuestras actividades, al bendecir nuestros alimentos, al bendecirnos unos a otros en familia, al iniciar y al terminar nuestras oraciones diarias y sobre todo la Santa Misa.

Hermanos, no pretendamos jamás entender la existencia de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Mejor sigamos haciendo sobre nosotros, sobre nuestra familia, y sobre nuestras actividades la señal de la santa Cruz invocando la bendición en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. 

Padre Antonio Ortiz.


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