2º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.

Primera Lectura: Is 62, 1-5 / Salmo Responsorial: Salmo 95, 1-2a. 2b-3. 7-8a. 9-10a y c. / Segunda Lectura: 1 Cor 12, 4-11 / Evangelio: Jn 2, 1-11

Es muy conocido que San Juan nos presenta el primer milagro de nuestro Señor Jesucristo convirtiendo el agua en vino en una boda. Y al comienzo de este tiempo ordinario y de un año nuevo que la Iglesia lo ha llamado “El Año de la Familia”, encontramos a Jesús con sus apóstoles y su madre como invitados a la boda en Cana, un pequeño pueblo cerca de Nazareth.

La lectura del Evangelio de hoy nos ayuda a considerar las bendiciones que vienen cuando disfrutamos de la presencia de Jesús y de su Madre, María, en medio de nuestra familia, como el que estamos contemplando: “Hubo una boda en Caná de Galilea, y el la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos también fueron invitados a la boda” (Jn 2, 1-2).

Jesús y María nos aseguran la presencia de Dios dondequiera que estén, y, donde está Dios, se encuentra amor, gracia y prodigios, porque Dios es bondad, verdad, belleza y abundancia. De manera similar, cuando permitimos que Dios viva en nuestros hogares, conocemos las bendiciones de la paz y la felicidad.

Con su asistencia, Jesús realiza la presencia de Dios: “Jesús hizo esto como el comienzo de sus señales en Caná de Galilea” (Jn 2,11), y fue también allí donde el Mesías “abrió el corazón de sus discípulos a la fe, gracias a María, la primera creyente” (S. Juan Pablo II).

“En el umbral de su vida pública, Jesús realiza su primer signo -a petición de su madre- durante una fiesta de bodas (cf. Jn 2, 1-11). La Iglesia concede gran importancia a la presencia de Jesús en las bodas de Caná. Ve en él la confirmación de la bondad del matrimonio y el anuncio de que en adelante el matrimonio será signo eficaz de la presencia de Cristo”. (Catecismo de la Iglesia Católica, Nº 1613)

También en el Nuevo Testamento, vemos cómo San Pablo hace la comparación entre el amor entre esposos y el Amor de Cristo por su Iglesia. “Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella” (Ef 5, 25). Y refiriéndose San Pablo al amor conyugal definido en el comienzo de la Escritura (cfr. Gen 2, 24), “este misterio es muy grande y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia” (Ef 5, 33).

No sabemos el nombre, ni quiénes fueron los novios de Caná, aquéllos que sirvieron el mejor vino al final. Pero sí sabemos Quién es el Esposo fiel a Quien todos debemos fidelidad, respeto y amor. Se llama Dios. Es nuestro Creador, el Esposo que nos ama con su Amor eterno.

Jesús y su Madre estaban en esta boda. Y es Ella quien lo convence a hacer el milagro de convertir agua en vino. El vino significa el amor y la convivencia respetuosa en una familia. El amor en la familia quiere decir que hay presencia de Dios. Y ¿qué sucede al final? “Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en Él”. Porque hay que creer que los milagr os suceden. ¡En eso nos ayuda la Santísima Virgen María, que, como buena Madre, se ocupa de todos los detalles…hasta la falta de vino en una boda! La falta de amor en una matrimonio y en una familia.

Hermanos, vivamos este “Año de la Familia” en la presencia de Dios y de la Virgen María. Invítalos a tu hogar, reza con tu familia todos los días. Pídeles que, así como convirtieron el agua en vino en las bodas de Cana, también conviertan tus impaciencias, tus faltas de respeto, tus ofensas familiares, en el vino del respeto y de la obediencia. Y que en tu casa nunca falte y se renueve la vida espiritual por medio de la oración en familia. Que tu hogar sea siempre una fiesta donde este presente Jesús y María como en la bodas de Cana. Amen.

Padre Antonio Ortiz.


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