SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO (C)

Escrito por el diciembre 6, 2018

REFLEXION PARA EL SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO (C)

9 de Diciembre de 2018

EL BAUTISTA

(Lc 3,1-6)

R.P. Emilio Garreaud, Director Nacional USA

En nuestro peregrinar a lo largo del Adviento, hacia el encuentro del Señor Jesús, nos topamos con la figura austera de San Juan Bautista. El Bautista nos invita en este día, a convertir y cambiar, nues­tros corazones.

San Lucas refiriéndose a este profeta nos dice: “Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece. Y todos verán la salvación de Dios”.

Él es el último de los profetas, síntesis del Antiguo Testamento y pre-anuncio del Nuevo. Representan en su vida la antigüedad: su nacimiento de padres ancianos; el anuncio de los tiempos nuevos: la alegría que mani­festó ya desde el seno de su madre Isabel, pues con la llegada de Santa María a la casa de Zacarías para anunciar al Salvador, el Bautista “salta de gozo” (Lc 1,44) dentro de su madre.

Toda su vida se centró para anunciar la reconciliación que traería el Señor Jesús. El Bautista encarna perfectamente el Espíritu de Adviento, pues él es el signo de la intervención divina en favor de su pueblo; como precursor del Mesías, tiene la misión de preparar los caminos del Señor (Is 40,3), de ofrecer a Isabel el conocimiento de la salvación (Lc 1,77s) pero sobretodo señalar al Señor Jesús ya presente en medio de su Pueblo (Jn 1,29-34).

Otro rasgo interesante de Juan el Bautista es su espíritu humilde y sencillo. Estaba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silves­tre. (Jn 1,6-8). Decía: “Detrás de mi viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias”. Su humildad, era sin límites y consciente de su misión le envía al Señor Jesús, sus primeros discípulos, que antes eran los suyos.

Como Juan tenemos que procurar que Cristo brille en lugar de nosotros. No debemos de trabajar para provecho propio, sino ser instrumentos del Señor. Al igual que, Juan también debemos dar testimonio de Jesús. Tenemos que ser anunciadores del Señor.

Junto con Juan y Santa María, vayamos al encuentro del Señor en estas Navidades, disponiendo nuestros corazones, para que Jesús niño ponga su morada en ellos.

 


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