Reflexión viernes de la 5ª. Semana de Pascua

Padre Antonio Ortiz

 Ya en la segunda mitad del primer siglo, después del año 50, encontramos una comunidad cristiana muy activa en el apostolado y la proclamación del la Buena Nueva por medio de la Palabra y sobre todo del ejemplo y testimonio.

Hoy encontramos a Pablo y Bernabé “hombres que han entregado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo”. Y también a Silas y Judas “miembros eminentes entre los hermanos” quienes fueron enviados a los hermanos de Antioquia de Siria y a Cilicia, para darles el resultado de las decisiones tomadas en el PRIMER CONCILIO DE JERUSALEN: “Abstenerse de la carne y la sangre sacrificada a los ídolos (idolatría) y de uniones ilegitimas (unión libre y adulterios). 

Es la primera declaración del Magisterio de la Iglesia (muy importante) basada en la enseñanza de nuestro Señor Jesucristo: EL AMOR.

El Evangelio nos da el fundamento de la vida de todo el que se quiera llamar “cristiano”: EL AMOR. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. No solo de una vez sino la entrega diaria gastando la vida para que sean felices los que conviven junto a mi en mi casa o en mi trabajo. Hacer hasta el más mínimo detalle con amor y por amor a mi esposo, esposa, padres o hijos, amigos y compañeros de trabajo.

La vida cristiana es la religión que predica el amor como medio de vida para ser felices y salvar nuestras almas. Qué ganamos con ser muchos, si nos odiamos y nos ofendemos y nos criticamos. Mejor, aunque seamos pocos, vivamos dando un buen ejemplo de caridad, paciencia, perdón y aceptación de unos con otros.

Como Pablo, Bernabé, Judas y Silas, seamos personas que “han entregado sus vidas al nombre de nuestro Señor Jesucristo y miembros eminentes entre nuestros hermanos!”.

¿Cómo la ves?


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