Fiesta del Corpus.

Después de la Pascua, la segunda fiesta importante que celebramos este Domingo es: La Eucaristía, el Cuerpo y la sangre del Señor. Esta fiesta fue instituida por el Papa Urbano IV el 8 de septiembre de 1246 ordenando que se celebrara el día jueves después del Domingo de la Santísima Trinidad y otorgando indulgencias a todos los fieles que asistieran a la Santa Misa y recibieran la comunión. Luego le encargo a Santo Tomas de Aquino himnos y cantos para la celebración de la fiesta. Estos cantos litúrgicos todavía los tenemos hasta hoy. La fiesta se celebra en todos los ritos católicos: Armenios, Ortodoxos, Coptos, Melquitas, etc. Todos los que creemos en la presencia de Cristo en la Eucaristía.

Esta presencia divina ha sido puesta en duda en muchas ocasiones y por varias personas, incluso sacerdotes, pero el mismo Señor Jesucristo se ha encargado de probar que, con las palabras del sacerdote en el momento de la consagración, el pan y el vino se convierten en su Cuerpo y en su Sangre. Tenemos en la historia de la Iglesia las pruebas de varios milagros eucarísticos en el mundo. (Lanciano, Bolsena, la Historia de la San Antonio y la mula que se arrodillo ante el Santísimo). Son Iglesias y lugares llenos de peregrinos que acuden a comprobar su fe en la Eucaristía.

Me gustaría invitarte hoy a recordar el momento de tu Primera comunión. Te acuerdas? Seguramente sentías que Dios y tu eran una sola cosa. El Señor entrando a formar parte de tu vida en la sagrada comunión.

También con esta pandemia y con la facilidad de los medios audiovisuales, hemos participado de la Santa Misa desde casa por mucho tiempo sin recibir la Eucaristía, y ahora hemos ido volviendo poco a poco a experimentar la necesidad de volver a comulgar. Ojala hayamos valorado todo el amor de nuestro Señor Jesucristo por nosotros al morir en la cruz y quedarse en un pedacito de pan para nuestra santificación.

Hermanos, hoy es día de fiesta, es el día que alabamos y celebramos la presencia real y verdadera del Señor en el altar cada vez que el sacerdote pronuncia las palabras de la consagración y eleva con sus manos el sagrado cuerpo y el cáliz con la sangre del Señor.

Acerquémonos a recibir esa sagrada comunión con toda la fe, devoción y respeto posible. Las indicaciones para comulgar es que estemos en gracia de Dios, sin pecado mortal y que hayamos guardado un ayuno de una hora al menos. (Yo añadiría que también cuidemos nuestra presentación personal en el vestir: shorts, playeras, bermudas, etc).

Después de cada Misa, la Eucaristía queda reservada en un tabernáculo, el sagrario, para que lo visites en tu adoración personal. Que vengas a platicar con El. La Madre Teresa decía que si visitáramos mas el sagrario, muchos problemas no existirían en nuestra vida personal, familiar y social.

Y el Papa San Juan Pablo II nos dejo una Encíclica: “Ecclesia de Eucharistia donde nos dice: La presencia de Cristo bajo las sagradas especies que se conservan después de la Misa deriva de la celebración del Sacrificio y tiende a la comunión sacramental y espiritual. Procuremos visitar al Santísimo Sacramento” (#25).

Que al recibir la Sagrada Comunión el Señor nos transforme en su mismo cuerpo, en su mismo ser para llevarlo con nosotros a todas partes y ser creadores de comunidad con nuestras familias, nuestros ambientes de trabajo y nuestra comunidad eclesial. Amen.

Padre Antonio Ortiz
Comunidad Católica de Príncipe de Paz.
Houston, TX.


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