LA SANTISIMA TRINIDAD.

Pbro. Antonio Ortiz

La primera fiesta que se celebra después de Pentecostés, al finalizar la Pascua es la de la Santísima Trinidad que nos muestra toda la historia de la salvación y revela el misterio de la verdad de Dios.

Así recorremos las tres lecturas de la Palabra de Dios en este día. En la primera de libro del Deuteronomio, Moisés oye la voz del Señor que le dice: “Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es Dios -allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra – y no hay otro” “Observa sus preceptos y serás feliz”.

Pablo, en su carta a los Romanos nos dice que al recibir el mismo Espíritu, nos hacemos hijos en el Hijo. Así estamos en comunión de vida con la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Y esto es lo que nuestro Señor Jesucristo nos manda en el evangelio como sus discípulos a predicar y a testimoniar con la vida.
El misterio de la Santísima Trinidad es el gran misterio: un solo Dios en tres Personas. Y es grande porque es tan grande como es Dios. ¡Es un misterio imposible de entender ni de explicar!

Se cuenta que San Agustín se encontraba caminando por la orilla del mar tratando de entender el misterio de la Santísima Trinidad, vio un niño que está tratando de vaciar agua del mar en un hoyito que había hecho en la arena. Al preguntarle al niño qué estaba haciendo, éste le respondió que estaba tratando de vaciar el mar en el hoyito. “Pero, ¡estás tratando de hacer una cosa imposible!” Y el Niño le replicó: “Es mas fácil que yo vacié el mar en este hoyito que tu enciendas el misterio de la Santísima Trinidad”. Y desapareció el Niño.

Lo importante de este misterio no es explicarlo –que no podemos, de todos modos. Lo importante es vivirlo. Pero… ¿como?
Recordemos que fuimos hechos -no para quedarnos aquí en la tierra- sino para vivir un dia unidos a Dios en el Cielo… ¡unidos a la Santísima Trinidad! Pero desde aquí en la tierra podemos comenzar esa unión desde ahora mismo.

Bueno, fue Jesucristo el que nos habló de esa posibilidad: “Si alguno me ama guardará mi Palabra y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él” (Jn 14, 23). Es decir que Dios viene a vivir en el que Lo ama guardando sus mandamientos, o sea, en el que sigue lo que Jesús nos enseñó. Eso es amarlo. Entonces ¡sí es posible esa unión desde ahora!

Al Espíritu Santo le toca santificarnos, al Hijo le toca darnos a conocer al Padre y conociéndolo, vivir haciendo su santa voluntad.
Nuestra fe cristiana tiene como distinción ante las otras religiones: Judíos, Musulmanes y Budistas, el creer en un solo Dios en tres personas distintas. No en la singularidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola substancia.

Entonces… ¿cómo podemos vivir el Misterio de la Santísima Trinidad desde aquí en la tierra? Empecemos cada día haciendo sobre nosotros la señal de la cruz invocando al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, haciendo lo mismo al comenzar nuestros quehaceres diarios y al tomar nuestros alimentos, al salir a un viaje, al terminar el día antes de nuestro descanso nocturno.

También podemos persignar a nuestros seres queridos en familia: esposo, esposa, hijos, hermanos y por que no, a nuestros amigos.
Muchos de nosotros también tenemos la costumbre de bendecir en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, nuestros bienes: nuestro hogar, nuestro vehículo y hasta nuestras mascotas.

Es la forma mas sencilla pero con la que nosotros expresamos nuestra fe y vivencia en la Santísima Trinidad sin dejar de cumplir sus mandamientos y hacer su voluntad divina para expresar nuestro amor a Dios.

Por eso, nunca dejemos de decir: “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Amen.

Padre Antonio Ortiz.


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