PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

JESÚS EN EL DESIERTO

(Lc. 4, 1-13)

R.P. Emilio Garreaud I., Director Nacional

En este primer domingo de cuaresma, meditamos en torno a las tentaciones del Señor Jesús en el desierto. La Iglesia, conociendo nuestra fragilidad humana, nos muestra la figura paradigmática del Señor Jesús, vencedor de todas las tentaciones.

La primera tentación que el demonio le propone al Reconciliador fue la de comer en medio de su ayuno. Nos manifiesta el evangelio inspirado de San Lucas: «todo aquel tiempo estuvo sin comer y al final sintió hambre».

Sutilmente el demonio conocedor de la necesidad que experimenta el Señor Jesús le dice: «si eres hijo de Dios dile a esta piedra que se convierta en pan.» Jesús le contestó: «está  escrito no sólo de pan vive el hombre.» Con esta frase desbarata todo el engaño del demonio y le enrostra que ante su tentación, Dios es dador de también vida, pero de una vida que prevalece.

Muchos no creen en el demonio. Se olvidan de su presencia y de la advertencia de San Pedro en Primera Carta: «Vigilad y orad. El demonio como león rugiente ronda buscando a quien devorar.» (1 Pe 5,8). Se olvidan que el ser llamado como Maligno no es gratuito, pues su astucia lo hace estar atento a los momentos de mayor fragilidad. Se aprovechó del hambre que tuvo el Señor Jesús; y también lo hace con nosotros en los momentos de debilidad o duda.

El demonio sabía que Jesús había pasado cuarenta días con sus noches ayunando. De ahí que se presenta con la tentación de la comida. En esta tentación podemos también sutilmente encontrar otra: el demonio quiere que Jesús pruebe su divinidad con la transformación de las piedras en panes.

El Señor responde al demonio usando palabras inspiradas: «no sólo de pan vive el hombre». Jesús nos muestra que además del pan material, nosotros los hombres, vivimos de «toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt. 4, 4).

Luego nos dice el relato inspirado: «después llevándolo a lo alto, el diablo le  mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: te daré‚ el poder y la gloria de todo eso, porque a mi me lo han dado y yo lo doy a quien quiero; si te arrodillas delante de mi, todo ser  tuyo.» La historia es conocida: en un mundo donde el éxito social es considerado el logro más importante de la vida de una persona, ésta tentación se muestra en toda su actualidad.

Cuaresma es tiempo de conversión y de reconciliación con Dios. Es tiempo de ser coherentes con nuestra condición de hijos de Dios y nuestra vocación divina. No olvidemos que la tentación siempre se presenta como «ángel de luz», como algo bueno y atractivo. El autor de los Proverbios lo advierte: «hay caminos que parecen rectos pero, al cabo, son caminos de muerte». (Prov. 16,25) Sólo aquel que se decide a seguir al Señor Jesús podrá  reconocer las trampas del demonio pues ha decidido que Él sea su camino, su verdad y, lo más importante, su vida.


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