OCTAVO DOMINGO ORDINARIO (C)

EL USO DE LA PALABRA

        (Lc. 6,39-45)

P. Emilio Garreaud, Director Nacional

Las lecturas bíblicas, que reflexionamos, este domingo, nos enseña, que la palabra es manifestación de nuestra interioridad. Ella es el reflejo de lo que es el hombre. Al autentico discípulo del Señor Jesús, se le reconoce, tanto por sus palabras como por sus obras. En la primera lectura, del libro del Eclesiástico, se afirma que el fruto muestra el cultivo de un árbol “la mentalidad del hombre”. El libro del Ben Sira, compara a la palabra, con los frutos de un árbol; estos, si son buenos o malos, nos hablan de que árbol se trata.

En esta misma línea, el Señor Jesús, nos muestra en su predica:  “el que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que reboza del corazón, lo habla la boca”.

¿Tus palabras, son buenas o malas? Que árbol eres: ¿el bueno o el malo?  ¿Te has puesto a pensar, que muchas veces, tus palabras no hacen bien a nadie, sino solamente mal?

¿No ser reflejo de lo que estás viviendo?

Como dice el libro del Eclesiastés: “La lengua puede perdernos”

San Agustín refiriéndose al mal uso de la palabra nos decía:”…reprime tu lengua, la cual es entre todos tus miembros el que mueves con mas facilidad. Reprime tu lengua del mal…No digas mentiras, no recrimines, no calumnies, no digas falsos testimonios, no blasfemes. Reprime tu lengua del mal. Pues como te encolerizas contra quien habla mal de t, enfádate contigo mismo cuando hables mal de otro. No hablen tus labios la mentira.”

¿Qué tan mentiroso eres, o exagerado? ¿Qué tanto, hablas mal de los otros? ¿Hablas mal de ellos a sus espaldas? ¿Hablas con ligereza de otros? ¿Eres chismoso? ¿Calumnias? ¿Cuantas medias verdades dices? ¿Cuánta hipocresía y diplomacia, salen de tu boca? ¿Qué tan franco eres? ¿Cuánto tiempo pierdes hablando sin edificar a nadie?

Pienso que, si hacemos un examen de conciencia, nos daremos cuenta que fallamos por muchos lados.

Si no cambiamos nuestro corazón y si realmente no hacemos esfuerzos, para que desde nuestro interior broten palabras de verdad; seremos los hipócritas de los cuales habla el Evangelio. No podemos pedir que el otro saque la paja de su ojo, si nosotros no nos la sacamos primero. No podremos guiar a otro si nosotros somos ciegos.

La palabra es un medio, mediante el cual, podemos lograr nuestra plena realización humana. Para lograr eso, no podemos ser esclavos de nuestra lengua: debemos saber callar y debemos saber hablar. Podemos resumir esto en la máxima: “habla cuando quieras y quiere cuando debas”. Debemos ejercitar la voluntad para saber hablar y callar en los momentos correctos. Como dice el Eclesiastés:”Hay tiempo para callar y tiempo para hablar”.

Lo más importante en nuestra vida, es adherirnos y configurarnos al Señor Jesús. Todas nuestras facultades y nuestros ser, deben estar ordenados a El. Asociados a la tarea de María, como corolario de su maternidad, estamos llamados, a predicar a tiempo y a destiempo al mismo Señor Jesús.

Como María, mostremos, por intermedio de nuestra palabra, al mismo Señor Jesús. Ella expresa con todo su ser al Señor. Toda ella habla de Dios.


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