DECIMONOVENO DOMINGO ORDINARIO (C)

ESTAD PREPARADOS

(Lc 12, 32-48)

 R.P. Emilio Garreaud, Director Nacional                                  

En la Epístola a los Hebreos, el Apóstol de Gentes, nos muestra, lo que es auténticamente la fe. Nos enseña: «La fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve».

Como Abrahán, que parte sin saber a donde va; así también, noso­tros debemos ser peregrinos hacia la Patria Eterna. Mediante la fe, ponemos nuestra confianza en el Señor. Como Santa Maria en la Anunciación, debemos hacer de nuestra vida, un «hágase» y confiar en el Señor.

El Señor Jesús nos invita en este Evangelio a mantenernos firmes en el Señor. Siempre debemos estar vigilantes.

Hoy, el Señor, nos enseña por intermedio de cuatro parábolas, que siempre debemos permanecer alertas, pues el día y la hora no la conocemos.

Nos enseña, en primer lugar: «Tened ceñida la cintura y encendi­das las lámparas; vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda para abrirle apenas venga y llame.

Con sus ropas sueltas, tenerlas ceñidas es estar preparados para el trabajo. El mismo significado tiene el hecho de permanecer con las lámparas encendidas, que implica una actitud vigilante. Me pregunto: ¿estamos preparados, para cuando nos llegue la muerte?

Si comparamos nuestra vida terrena, con la eterna; poco es el tiempo, que nos queda para convertirnos y responderle al Señor.

El día de mañana, para algunos es probable que no llegue: hoy es el momento de responderle a Dios con autenticidad.

Como nos dice la escritura, el Señor, se aparecer  delante de nosotros como el ladrón que llega de noche. Por todo ello es que nosotros, tenemos que estar preparados, «porque a la hora en que menos pensemos vendrá  el Hijo del hombre». El Señor debe encon­trarnos, siempre preparados para cuando El llegue.

Tal el la solicitud que debemos tener; que el Señor compara a los que están alertas, con el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas.

Debemos mantenernos, siempre cumpliendo con el Plan de Dios. No debemos cejar de hacer lo que el Señor nos pide. No podemos fallar, ni siquiera en las pequeñas cosas. Si somos infieles en lo poco, también lo seremos en lo mucho. Si el Señor nos encuen­tra, haciendo el bien, cuando venga, nos pondrá  al frente de todos sus bienes. Por otro lado, tenemos, también, que recordar, que «al que mucho se le dio, mucho se le exigir; al que mucho se le confió, mas se le exigirá.»

Recitemos, lo que hoy nos muestra el Salmo 32:

«nosotros aguardamos al Señor: el es nuestro auxilio y escudo; que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, Como lo esperamos de ti».


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