PASCUA DE RESURRECCION

R.P. Emilio Garreaud, Director Nacional

Con la resurrección celebramos la irrupción de la vida en medio de la muerte, la seguridad de que la lóbrega la muerte, está en función de la existencia. La cruz no era la meta del Señor, no era el fin de todo, sino el medio para obtener el triunfo.

En el mundo en el que nos ha tocado vivir, muchas veces tenemos la tentación de quedarnos bebiendo el trago amargo de la muerte.

Cuando nos chocamos con la dramática realidad de esta humanidad, que sufre los golpes del hambre, guerra, enfermedad y la falta de valores; provoca decir: «ya nada se puede hacer». Muchas veces rodeados por ese torbellino de pesimismo, caemos en el fácil camino de no hacer nada y optamos por la muerte.

Golpeados muchas veces por los problemas, no «provoca» a muchos mirar mas allá de su realidad horizontal. Es el momento de descubrir que somos seres llamados a lo trascendente y que hay que poner nuestros ojos en las realidades que no se agotan. Si bien es cierto, que la cruz es camino ineludible para la vida («si el grano de trigo no muere no da fruto); también es cierto que nuestra meta es el encuentro amoroso con el  «Dios de la Vida». La resurrección del Señor Jesús nos debe llevar a tomar conciencia, de esa dimensión esperanzadora de la vida cristiana.

La certeza de  la resurrección del Señor  Jesús, nos garantiza que hay un mañana, lleno de esperanza. En el mismo  Señor Jesús encontramos  el triunfo del amor. El nos convoca a mantener ardiendo esa llama del amor, para que El se haga así presente en medio de todos nosotros. Con la victoria  de Jesús sobre la muerte, el amor se hace presente. Ese amor no es ficción, sino realidad. Como nos enseña San Pablo, en la carta a los Romanos “Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más”.

En la palabra revelada, se nos muestra al Pedro impetuoso, que a diferencia de Juan que es más suave; entra al sepulcro enseguida y lo observa todo. La tumba del Señor Jesús esta  vacía. Pedro duda piensa, seguramente que se han robado al Señor. Sus dudas y desesperanza tal vez todavía no lo dejan creer, pero ya se  aproxima a la certeza de la fe. Juan el discípulo amado, que ve las cosas con los ojos del corazón, tiene una actitud distinta y cree.

Ellos, nos invitan a dejar nuestra pasividad y pesimismos y correr al encuentro de Jesús; que es «el Camino, Verdad y Vida». Juan y Pedro que se encontraban sumidos en la tristeza; ante el primer anuncio de Maria Magdalena, se levantan y mas allá  de sus temores, y salen corriendo a buscar a Jesús. Hoy nos mues­tran con su carrera, cual es la única competencia valida en nuestra vida: la de ir al encuentro de Jesús. Ellos no se quedan en la experiencia de la muerte; sino que optan por la vida. El Evangelio dice de Juan, «vino y creyó» y dejo de lado todo tipo de desesperanzas.

Tocados por Jesús resucitado, también tenemos que salir a anunciarlo. En un mundo que yace en la muerte, tenemos que compartir nuestra alegría y mostrar la luz en medio de la oscuridad. Ustedes han recibido la bendición de participar de este retiro de la Pascua Juvenil. Ahora les toca fortalecidos por la gracia de la Pascua anunciar al Señor de la Vida en sus distintos grupos y Parroquias.  

En las esta realidad consumista, que muchas veces se queda solo en tener mas cosas. Saber que hay un “mañana mejor”, nos muestra que hay motivos para luchar. Si lo hacemos recibiremos en “ciento por uno”  aquí en la tierra y luego la vida eterna.

También cabría preguntarnos ¿que quiere Dios, de nosotros? En especial de nuestras distintas comunidades y en Colorado. Si no somos nosotros los que mostramos la esperanza cristiana ¿quien lo hará?  

También hay que recordar que el mañana, se construye con el trabajo que hagamos.

Yo quiero pedirles de todo corazón que trasmitan a Cristo resucitado.

El apostolado brota de una auténtica vida cristiana.

Bellamente refiriéndose a la Resurrección del Señor, nos decía San Agustín: “La fe de los cristianos es la Resurrección de Cristo; esto es lo que tenemos por cosa grande: el creer que resucito” (Coment. sobre el Salmo 120).

La resurrección del Señor Jesús, nos da la certeza, de que  él es nuestro Dios. Es el triunfo de la vida sobre la muerte. Es el triunfo de la esperanza sobre todo tipo de pesimismos, el triunfo anticipado del encuentro amoroso con el Padre. Cristo ha vencido y vence cotidianamente. Te toca a ti actualizar todo lo que Cristo ya ha conseguido para ti.


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