PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO (C)

Escrito por el diciembre 3, 2018

REFLEXION PARA EL PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO (C)

2 de Diciembre de 2018

(Lc 21,25 -28 34-36)

R.P. Emilio Garreaud, Director Nacional USA

Hoy, celebramos, llenos de esperanza, el primer domingo de Advi­ento. En este tiempo litúrgico, nos preparamos para conmemorar, el nacimiento del Hijo de Santa María y, al mismo tiempo, nos disponemos, para encontrarnos con el Señor Jesús, en su segunda venida.

Se trata de un tiempo de expectación, en donde tenemos, que transformar nuestros corazones, para que Jesús niño, habite en ellos. En este momento de conversión, caminamos junto a María,  la mujer que se encuentra en estado de buena esperanza. Nuestra mirada, debe estar puesta, en la luz de la estrella de Belén.

Para ver con claridad la luz de Cristo, debemos apartar todos los obstáculos que lo impidan, y que son fruto de nuestro pecado. Debemos agudizar nuestra mirada, fortalecida por las buenas obras.

Como señala, la lectura inspirada, del Evangelio, ya se “acerca nuestra liberación”. Si queremos encontrarnos  con el Señor Jesús, que viene con “gran poder y gloria”, tenemos, que vivir en gracia. Eliminemos de nuestro corazón a otros “dioses”, que se apoderan de nuestra vida y nos destruyen. El Evangelio, nos pone paradigmáticamente, como obstáculos; los vicios, como son “la bebida y la preocupación por el dinero”.

Adviento es sinónimo de conversión esperanzada. El cambio en nuestras vidas debe ser radical e inmediato, fortalecido por la perseverancia. Aprendemos en este tiempo, que nuestra conversión movida por la esperanza, supone una prudente vigilancia. La actitud del que busca ser auténtico cristiano, es la de estar siempre a la expectativa, pues no sabemos, ni el día ni la hora de la venida del Señor.

La vida es eterna milicia y el combate contra nuestro pecado nunca termina. San Pablo compara nuestra vigilia, con el soldado bien armado que nunca se deja sorprender, por el “león rugiente que busca a quien devorar”.

Adviento es un momento, particularmente, mariano. En este tiempo acompañamos a María, que se encuentra en “estado de buena esper­anza”.

María es la mujer de la esperanza. En ella esa esperanza se hace “presencia”. Nos muestra que la “espera” se hará  “realidad” si nos conformamos a su Hijo Jesús.


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