En Radio María nos preguntamos, ¿Qué pasó en Nueva York?

A pesar de las buenas noticias provenientes de Estados Unidos, nos hemos visto sorprendidos la semana pasada, cuando el gobernador Andrew Cuomo («católico», supuestamente) firmó, a 46 años de la aprobación del aborto en USA, la ley más irrestricta del aborto de todos los Estados Unidos. La firma de la ley fue seguida de festejos y gritos como si se hubiese firmado una ley liberando a los esclavos.

La ley es espantosamente permisiva y terriblemente asesina: permite el aborto hasta el momento del parto, mediante la horripilante práctica del aborto por nacimiento parcial: se provoca el parto sacando el niño hasta el cuello mediante forceps, y luego se le inyecta una cánula para destruir el cerebro y sacarlo muerto. En un estado que prohibió la pena de muerte en 2007, se permite el asesinato intrauterino mediante tortura por solución salina.

En un estado que se jacta de ser el más «avanzado», se asesina a los más indefensos, y se protege a los médicos asesinos mediante las leyes: si una mujer muere durante la práctica del aborto, el médico no tiene responsabilidad penal, y si el niño a pesar de todo nace vivo, se prohíbe la asistencia médica al recién nacido.

Esta abominación de ley fue festejada por los demócratas, pero hay mucho más: no se permite la objeción de conciencia, es decir que esta ley será pagada con el dinero de los contribuyentes, tanto si están de acuerdo con la ley como si no. Las clínicas médicas cristianas no tienen permitida la objeción de conciencia institucional, es decir que si llega una mujer pidiendo un aborto a una clínica católica, y en esta clínica se le niega el supuesto «derecho», el médico y la clínica pueden sufrir sanciones económicas y hasta la cárcel para el médico objetor.

¿Y eso en qué nos afecta?

En primer lugar, demuestra hasta dónde son capaces de llegar las asesinas leyes de aborto. De acuerdo a un estudio de 2011, el 28% de los embarazos en Nueva York, terminan en aborto, y Nueva York no tenía restricciones en cuanto a consentimiento informado, es decir que las leyes de esta ciudad ya eran suficientemente permisivas como para aprobar el genocidio de uno de cada tres niños en gestación.

¿Por qué este recrudecimiento de la furia homicida en una de las ciudades que aparentemente menos lo necesitaba? Porque el mayor porcentaje de abortos se da entre mujeres hispanas, negras y pobres, y por lo tanto resulta, como soñaba la fundadora de Planned Parenthood, una medida eugenésica, para evitar que esta «maleza humana» llegara a nacer (Margaret Sanger era racista y soñaba con unos Estados Unidos libres de negros y… ¡Católicos!)

Esta ley nos debe preocupar porque es el tipo de ley que los poderosos quieren exportar para mantener el control poblacional de los países «pobres». Es una historia vieja como el mundo: desde que el Faraón en Egipto mandó a matar a los judíos, o Herodes mandó a matar a los inocentes, los poderosos no quieren que nazcan más «pobres». Y nosotros somos pobres para los estándares de los poderosos.

¿Qué podemos hacer ya para detener esto?

En primer lugar, Radio María te invita a rezar y rezar «fuerte». San Juan Pablo II decía que una hora de Adoración al Santísimo hace más efecto que cualquier apostolado. Si todos los católicos del mundo nos uniéramos ante el Santísimo en oración por la vida, en pocos meses se acabaría el aborto. Y muchos otros problemas. Así que a «poner las barbas en remojo» y renovar la intención de rezar por la vida. Luego, también, informarnos. Buscar información de los movimientos que participan activamente en la lucha por la vida e involucrarnos.

(Fuente Catholic Link)


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