TIEMPO DE CUARESMA

Miércoles de Ceniza

CONVERTIOS Y CREED EN EL EVANGELIO

 (Mt. 6, 1-6.16-18)

R.P. Emilio Garreaud I.

¿Cuánto desamor hay en cada uno de nosotros? ¿Cuántas veces hemos preferido hacer las cosas por capricho en vez de cumplir con el Plan de Dios? Este tiempo que hoy comenzamos es el momento apropiado para convertirnos y transformar nuestros corazones. Dice Dios en boca del profeta Joel (2,12-18): “Convertíos a mí de todo corazón: con ayuno, con llanto, con luto”.

Con el Miércoles de Ceniza, damos inicio a la Cuaresma, momento privilegiado para convertirnos. Ya no es hora de mediocridades, sino de entrega. San pablo nos exhorta a morir al hombre viejo, desprendiéndonos del vestido antiguo para revestirnos del nuevo.

El grano de trigo que no muere no podrá dar frutos. Optar por Jesús es optar por la vida, la libertad y el amor; independientemente de la situación en que nos encontremos. En la Cuaresma se experimenta esa realidad, puesto que tenemos que morir en la oscuridad de nuestro pecado personal, para vivir la Pascua o la Vida.

En la segunda lectura de la carta del apóstol Pablo a los Corintios, se nos exhorta a aprovechar este tiempo de reconciliación. Es un tiempo especial de gracia; por lo tanto no podemos echarla en un saco roto, sino aquilatarla en nuestros corazones. Es claro el apóstol cuando nos dice: “Pues mirad: Ahora es tiempo de la gracia; ahora es el día de la salvación”.

Igualmente, tanto el profeta Joel como el Evangelio de San Mateo, nos enseñan la manera como debemos preparar nuestro corazón para la venida de Cristo Resucitado: vencedor de la muerte. Se nos pide que practiquemos la limosna, la oración y la penitencia.

¿Cómo hacer limosna?

No la hagas tocando trompetas, ni ostentando al hacerla. No debemos ser como los fariseos que proclamaban “Su generosidad “por todos lados. Si eso hacemos públicamente, de nada nos servirá para la vida eterna, pues ya hemos recibido en esta vida nuestro premio. Más bien, seamos generosos en lo oculto; sin que tu mano izquierda sepa lo que hace tu derecha.

En el Antiguo Testamento, Dios pide demos limosna (vgr. Prov 2,27; 19, 17; 21, 13;28,27; 2 Cro 31, 14; Tob 4,7). Pero no basta con repartir materialmente la limosna; para que ella tenga un valor ante los ojos de Dios, lo importante es lo que hay en la intencionalidad del corazón. Tampoco tendrá más valor la cantidad que demos, sino el espíritu con que lo demos (vgr. Mt 12,41-43).

Muy ligada a la limosna está la caridad que se manifiesta con aquellos que están cerca de nosotros y por aquellos que sufren. En palabras del Apóstol Santiago (2,14): La fe sin obras de nada vale.

¿Cómo hacer oración?

La oración es el dialogo intimo entre Dios y el hombre. El Evangelio nos dice que no hagamos oración para que nos vean: no en lugares públicos para que nos observen. Cuando quieras rezar, hazlo en tu cuarto y cierra la puerta. Lo que el Señor pretende es evitar el exhibicionismo farisaico que a lo único que lleva es a la vanidad. Con esto no se quiere proscribir la oración publica, especialmente la comunitaria, pues el mismo Jesús la sugirió (vgr. Mt 18, 19-20; Jn 11,41). Muy ligada a la oración están los sacramentos; especialmente en esta época: la confesión y la comunión.

¿Qué significa hacer penitencia?

Es la forma de asociarnos a los sufrimientos de Cristo. En los momentos difíciles de nuestras vidas, durante épocas de sufrimientos físicos y morales, debemos saber sobrellevar nuestro quebranto con resignación y alegría. Es fundamental de manera preferencial aprender a sobrellevar correctamente las ocasiones dolorosas o molestas que nos sobrevengan, en lugar de buscarlas.

El Señor Jesús nos propone el ayuno, de acuerdo a las posibilidades de cada uno. Cuando ayunemos debemos ungirnos y lavarnos la cara, para evitar todo tipo de exhibicionismo, como lo hacían los fariseos. Lo importante es la recompensa que se recibirá en el cielo.

La Ceniza que hoy se recibe debe ser símbolo de nuestra actitud arrepentida. Con sincero corazón, hagamos nuestras las palabras de la liturgia: “Convertíos y creed en el Evangelio”.

En este peregrinar hacia la Pascua, pidámosle a la Madre que nos ayude a convertir nuestros corazones. A aquella que la invocamos en las letanías lauretanas, con el título de “Refugio de los pecadores”, le pedimos especialmente en esta Cuaresma, que ruegue por nosotros.


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