Erba, 4 Septiembre 2019

Queridos Amigos,

El mensaje del 2 de septiembre es una llamada apasionada e incluso dramática a la oración, en particular del Santo Rosario. Ya había sido así en los
mensajes del 25 de agosto y del 25 de julio, cuando la Virgen nos invitó a tomar el Rosario en nuestras manos y a rezar día y noche. Las razones de esta invitación, (deberíamos llamarla «mandato»), se refieren a nuestra situación personal, que es de debilidad espiritual («vendrán las pruebas y no seréis
fuertes»), pero sobre todo al estado de grave peligro para las almas de los no creyentes. La Virgen nos pide que la ayudemos a salvarlos:
«Vuestras oraciones son muy necesarias para el mundo, para que las almas se conviertan». La intensidad de la petición se refleja en el hecho de que se dirige a nosotros tres veces llamándonos «apóstoles de mi amor» y porque los términos «oración» y «orar» se repiten nueve veces. La dramática imagen de la situación, vista desde el cielo, se debe al enorme número de almas que, a medida que la apostasía y la incredulidad se extienden, corren el riesgo de perderse. De hecho, la disolución de la fe está tan avanzada que «muchos de mis hijos todavía no reconocen a mi Hijo como su Dios, todavía no han conocido su amor». Sólo creyendo en Jesucristo, al menos implícitamente, es posible salvarse. Quienquiera que, habiendo tenido el don de la fe, haya abandonado a Jesús, no puede salvarse. Quienquiera que, habiendo tenido la posibilidad de creer, haya cerrado su corazón, no puede salvarse. La Virgen nos invita a arrodillarnos ante su Hijo y a reconocerlo como Dios, centro de nuestra vida, y a dedicarnos a la oración, aferrándonos a su Corazón,
porque la oración es un arma poderosa que cambia el mundo. La Virgen nos advierte de que «no hay tiempo para dudar». El tiempo de las pruebas está a la puerta y el veneno de la incredulidad está intoxicando rápidamente al mundo entero. Las almas que se pierden son innumerables. Recemos al menos el Rosario todos los días.

 

Vuestro Padre Livio – Directors’ Advisor

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Mensaje, 2 de septiembre de 2019 a Mirjana

“Queridos hijos: ¡Oren! Recen el Rosario cada día, esa corona de flores que me enlaza directamente, como Madre, con sus dolores, sufrimientos, deseos y esperanzas. Apóstoles de mi amor, estoy con ustedes por la gracia y el amor de mi Hijo, y les pido oraciones. El mundo tiene mucha necesidad de sus oraciones para que las almas se conviertan. Abran con total confianza sus corazones a mi Hijo, y Él escribirá en ellos un resumen de Su palabra: eso es el amor. Vivan un vínculo indisoluble con el Sagrado Corazón de Mi Hijo. Hijos míos, como Madre les digo que ya es hora de que se arrodillen ante mi Hijo, que lo reconozcan como su Dios, el centro de su vida. Ofrézcanle dones, lo que Él más ama es el amor al prójimo, la misericordia y un corazón puro.
Apóstoles de mi amor, muchos de mis hijos aún no reconocen a mi Hijo como su Dios, aún no han conocido Su amor. Pero ustedes, con su oración pronunciada desde un corazón puro y abierto, con los dones que ofrecen a mi Hijo, harán que se abran incluso los corazones más endurecidos. Apóstoles de mi amor, el poder de la oración, pronunciada desde el corazón – la poderosa oración llena de amor –, cambia el mundo. Por eso, hijos míos, oren, oren, oren. Yo estoy con ustedes. Les doy las gracias. ”


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