Erba, 7 agosto 2019

Queridos Amigos,

el mensaje de la Reina de la paz del 2 de agosto es un himno de fe y de júbilo de la Madre de Dios para su Hijo. “Grande es el amor de mi Hijo” es el grito que la Virgen hace resonar inmediatamente para que todos lo puedan escuchar en este mundo en que los corazones están cerrados, indiferentes e incluso hostiles. ¿Qué más debe hacer la Virgen todavía para que sus hijos conozcan la grandeza del amor de Jesús y no dejen de adorarlo y darles las gracias? Con un crescendo conmovedor, La Virgen nos habla de Él en cada mensaje, porque la fe se va apagando, la caridad enfriando y muchos alejando. Con todo, Jesús está vivo y presente, particularmente en la Eucaristía, que es el corazón de la fe. Pero, ¿cuántos han dejado de nutrirse del Pan vivo descendido desde el cielo, dejando que las iglesias desiertas se conviertan en cuevas de ladrones? Sin embargo, el manso y humilde de corazón no abandona al rebaño disperso caído presa de los lobos y la Madre se alegra por cada ovejita que vuelve al redil: “Mi corazón maternal se alegra cuando ve que, llenos de amor, vuelven a Él”. ¡El júbilo de Jesús y María por cada conversión! ¡Su dolor por las deserciones y las traiciones! La Madre anima a los hijos que, tras volver a encontrar la vía de la fe, comienzan una vida nueva. Son como vástagos de primavera, que necesitan fortalecerse con la oración y el ayuno y, perseverando, se convierten en frutos, “flores y apóstoles de su amor”, para poder llevar la luz y la esperanza a los perdidos. El llamamiento final de la Virgen es para todos sus hijos que han contestado a la llamada para que crezcan espiritualmente, rezando, reflexionando y meditando, pero sobre todo haciendo crecer a Jesús en sus corazones, creyendo en él, confiando en él, dejándose guiar por él. Sólo convirtiéndose en un todo con Jesús podremos atestiguar y difundir el amor y la verdad y estaremos fuertes frente a las pruebas para las que la Virgen nos está preparando.

Vuestro Padre Livio – Directors’ Advisor

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Mensaje, 2 agosto 2019 a Mirjana

“Queridos hijos, ¡grande es el amor de mi Hijo! Si conocierais la grandeza de su amor, no dejaríais de adorarlo y agradecerle. Él está siempre vivo con vosotros en la Eucaristía, porque la Eucaristía es su Corazón. La Eucaristía es el corazón de la fe.
Él nunca os ha abandonado: aun cuando habéis procurado alejaros de Él, Él de vosotros no se ha alejado. Por eso mi Corazón materno se siente feliz cuando ve que, llenos de amor, regresáis a Él; cuando veo que acudís a Él por el camino de la reconciliación, del amor y de la esperanza.
Mi Corazón materno sabe que, cuando vosotros emprendéis el camino de la fe, sois brotes, capullos, pero, con la oración y el ayuno, seréis frutos, mis flores, los apóstoles de mi amor. Seréis portadores de luz e iluminareis, con amor y sabiduría, a todos alrededor vuestro.
Hijos míos, como Madre os pido: orad, reflexionad, contemplad. Todo lo hermoso, doloroso, alegre, santo, que os ocurre, os hace crecer espiritualmente; hace que en vosotros crezca mi Hijo. Hijos míos, abandonaos en Él, creedle a Él, confiad en Su amor; que sea Él quien os guíe. Que la Eucaristía sea el lugar donde alimentéis vuestras almas, y luego difundid el amor y la verdad, y testimoniad a mi Hijo. ¡Os doy las gracias! ”


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