4º. DOMINGO TIEMPO ORDINARIO.
Primera Lectura: Jer 1, 4-5. 17-19 / Salmo Responsorial: Salmo 70, 1-2. 3-4a. 5-6ab. 15ab y 17 / Segunda Lectura: 1 Cor 12, 31–13, 13 / Evangelio: Lc 4, 21-30 

Esta semana pasada escuchaba en las redes sociales que un sacerdote decía en una homilía que los porcentajes de los que han abandonado la Iglesia católica están aumentando. Yo mismo he escuchado a varios católicos que critican o no aceptan la enseñanza y las opiniones del Papa. Sabemos que el Papa es para nosotros el único y autentico representante de Jesucristo en la tierra y es elegido en un conclave por el Espíritu Santo.

También sentimos mucha tristeza cuando en una familia los hijos no aceptan con obediencia y respeto las indicaciones de sus padres. En nuestros días vemos como algunos hijos son capaces, no solo de responder con violencia y malas palabras, sino hasta de matar a sus padres por esta falta de respeto.

La Palabra de Dios que escuchamos este 4º. Domingo del T.O. nos presenta desde la primera lectura del profeta Jeremías hasta el Evangelio (Lc. 5,1-11) como es difícil el aceptar el mensaje de Dios en los corazones rebeldes.

Jeremías fue llamado por Dios desde antes de nacer para ser “profeta ante todas las naciones” y, a pesar de las dificultades y “los malos tratos de los reyes de Judá, de sus jefes y de sus sacerdotes yo estaré a tu lado para salvarte”.

El evangelio es la continuación del domingo pasado cuando Jesús acaba de leer el pasaje del profeta Isaías en la Sinagoga de Nazareth y les dice que el profeta anunciado esta delante de ellos es El mismo. Y este quien es? No es el hijo de José, el carpintero? Y como signo de rechazo y de orgullo, de falta de humildad, lo sacan no solamente de la sinagoga sino también del pueblo para matarlo tirándolo a un barranco.

San Pablo en el capitulo 15 de su 1ª. Carta a los corintios nos hace aclara lo que no es y lo que si es el verdadero amor. No el amor carnal sino el amor-amor, el amor verdadero que busca siempre la felicidad y el bienestar: de tu esposo, de tu esposa, de tus hijos, de tus padres, de tus amigos y de todos los que te encuentras en la vida.

Hoy podemos responder de dos maneras a esta Palabra de Dios:

1.- Aceptando las enseñanzas que Dios nos ha dado y nos sigue dando por medio de la Iglesia, del Papa Francisco, de nuestros Obispos y sacerdotes; también de nuestros padres y maestros y de quienes tienen autoridad en nuestra sociedad para lograr el bien común y una vida de orden, armonía y fraternidad. Nos necesitamos y dependemos unos de otros para vivir bien. El Papa Francisco nos dio el 3 de Octubre de 2020 una Encíclica muy buena: “Fratelli Tutti”, “Todos hermanos” donde nos llama a vivir y a tratarnos como verdaderos hermanos. Seria buen propósito consultar este documento y seguir los consejos que nos da aquí el Papa Francisco.

2.- Y respondiendo también a nuestra vocación como profetas de nuestra religión católica. Viviendo y practicando mas nuestra fe en Dios, en la Virgen María y en todas las enseñanzas de la Iglesia. Mas lectura y estudio de la Palabra de Dios, mas oración personal y en familia todos los días, registrando nuestros nombres en alguno de los muchos grupos apostólicos y de formación de nuestra parroquia, confesando y asistiendo a Misa todos los domingos y si podemos, también entre semana.

Ya Jesús lo dijo: “Nadie es profeta en su tierra”. No despreciemos a los profetas de nuestra religión católica, no nos burlemos de ellos, en ellos Jesús sigue entre nosotros. El es el Hijo de José, el carpintero, que construye las escaleras para subir al cielo. Amen.

Padre Antonio Ortiz.


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