II DOMINGO DE PASCUA / DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA

Primera Lectura: Hch 5, 12-16 / Salmo Responsorial: Salmo 117, 2-4. 22-24. 25-27a /
Segunda Lectura: Apoc 1, 9-11a. 12-13. 17-19 / Evangelio: Jn 20, 19-31

El mensaje y la devoción a Jesús como la Divina Misericordia está basada en los escritos de la Santa María Faustina Kowalska, una religiosa polaca sin educación básica que desde 1930, en obediencia a su director espiritual, escribió un diario de alrededor de 600 páginas que relatan las revelaciones que ella recibió sobre la Misericordia de Dios. Aún antes de su muerte en 1938 se comenzó a esparcir la devoción a la Divina Misericordia.

El mensaje de Misericordia es que Dios nos Ama a todos, no importa cuán grande sean nuestras faltas. Él quiere que reconozcamos que Su Misericordia es más grande que nuestros pecados, para que nos acerquemos a Él con confianza, para que recibamos su Misericordia y la dejemos derramar sobre otros.

“Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia » (Mt 5:7). Es irónico y hasta difícil de creer que la mayoría de las personas religiosas de los tiempos de Cristo (personas que eran practicantes de su religión y que ansiosamente esperaban la venida del Mesías) no fueron capaces de reconocerlo cuando Él vino.

Cuando miramos a la imagen de nuestro Salvador Misericordioso, o dejamos lo que estamos haciendo a las tres de la tarde, o rezamos la coronilla de la Divina Misericordia – son estas cosas que nos están llevando más cerca a la verdadera vida sacramental de la Iglesia y dejamos que Cristo transforma nuestros corazones? ¿O solo se han convertido en hábitos religiosos? ¿En nuestras vidas diarias estamos convirtiéndonos más y más en personas de Misericordia? ¿O sólo estamos honrando la Misericordia de Dios con los labios? No es suficiente que nosotros colguemos la imagen de la Divina Misericordia en nuestros hogares, que recemos la Coronilla todos los días a las 3 de la tarde, y recibamos la Comunión el domingo después de la pascua. Por eso nosotros debemos mostrarnos misericordiosos con nuestro prójimo. ¡Poner la Misericordia en acción no es una opción es un requisito!

Pidamos la Misericordia de nuestro Señor, confiemos en su Misericordia, y vivamos como personas misericordiosas para que podamos escuchar la hermosa promesa: «Bienaventurados los misericordiosos, ya que ellos obtendrán Misericordia».

Padre Antonio Ortiz.


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