Homilía de P. Emilio con motivo de la VII Conferencia Mundial de Radio Maria.

Escrito por el octubre 18, 2018

Radio Maria -13 Octubre 2018

Homilía Padre Emilio

Queridos hermanos y hermanas en el Señor Jesús:

El Padre Joseph, hoy día, nos ha hablado a nosotros de la importancia de responder a los anhelos profundos que tenemos en el corazón. Y nos habla a partir del libro de la Sabiduría y nos dice que: “la sabiduría es lo más excelso que hay, que no se puede comparar ni con las riquezas ni con ninguna otra cosa” y esa sabiduría está relacionada, fundamentalmente, con el Encuentro del Señor. Dios es El que sacia los anhelos hondos del corazón humano; El que da respuesta a las inquietudes existenciales, que nosotros como seres, podemos tener.

Y vemos nosotros que, en este caso, la sabiduría es el marco sobre el cual, de alguna manera, se desarrolla el Evangelio, en donde un joven rico va al encuentro del Señor y le pregunta: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para encontrar la vida eterna?” Su pregunta tiene cosas esenciales: está hablando de “Maestro”; reconoce en el Señor a Alguien importante, y está hablando de la Vida Eterna. No es una pregunta futil, ni una pregunta que no tiene importancia. Todo lo contrario. Él está haciendo una pregunta que se refiere a las honduras de su ser, ¡quiere respuestas! Y vemos nosotros que el Señor le pregunta a este hombre, después de conversar con él, si está dispuesto y él se niega. Y se trata de un hombre bueno. Le menciona todos los mandamientos que tienen que ver con la relación al prójimo. Él dice: “sí, Señor, yo cumplo con esos mandamientos”. Y la pregunta un poco que nos hacía el Padre Joseph, hoy día era, a nosotros, concretamente: ¿somos tan buenos como ese joven rico? ¿cumplimos con los mandamientos? ¿estamos dispuestos a simplemente ser buenos? ¿basta con ser buenos? ¿O ciertamente el Señor quiere algo más de nosotros? ¡Quiere que nosotros respondamos de una manera mucho más vital y de una manera mucho más existencial, a esa invitación que Dios nos hace, a cada uno de nosotros! No basta con ser buenos.

Y vemos nosotros que este hombre joven no dio el paso. Estaba convocado a grandes gestas. Estaba llamado a sueños inmensos, a mañanas mejores. Sin embargo, este hombre, cuando le dijo el Señor a él: “deja todo y sígueme”, él estaba aferrado a sus riquezas, aquellas que él tenía y no quería dar ese salto grande, en el cual se jugaba por Dios y respondía al Señor, y respondía a su vocación. Y vemos nosotros que hoy día el Señor también nos llama a cada uno de los que estamos aquí. No importa la condición que tengamos. Puede ser que seamos gente muy metida en la Iglesia, de Radio María, incluso a nosotros Sacerdotes, Directores, que estamos en el Camino del Señor, el Señor nos llama a gestas nuevas, a caminos más exigentes con nosotros mismos. Y hoy día nos dice a nosotros, a cada uno, y eso nos hace cuestionarnos ¡de manera personal!, a cada uno de nosotros: ¿estás dispuesto a dejar tus riquezas? No solamente las riquezas es tener dinero.

El Padre Joseph decía que las tentaciones del desierto fundamentalmente iban en tres líneas: poder, placer y tener, que al final son las tres concupiscencias. ¿Estás dispuesto a dejar el poder al cual estás acostumbrado? ¿Estás dispuesto a dejar el tener la seguridad en las cosas materiales? ¿Estás dispuesto a dejar el placer?, es decir, ¿cuántos placeres, a lo mejor “lícitos en el mundo”, pero placeres a fin de cuentas que no nos permiten poder responderle al Señor de la manera adecuada?

Entonces, hoy día, el Señor nos llama a nosotros a grandes gestas, caminos nuevos y nos pide, desde lo profundo del corazón que digamos: “sí”. ¡Respondamos con un “sí” seguro y definitivo!

La Virgen María, en el momento del fiat, en ese momento clave de la humanidad, ella supo decir: “hágase”. “¡Hágase!” “Fiat”. Genoito”, en el idioma original, en arameo. Genoito. Fiat. Supo decir desde lo profundo de su ser, al Señor: “¡sí!, ¡sí!”. Y supo ser generosa, y supo decirle al Señor desde lo profundo de su vida: “¡Sí, Señor, estoy dispuesta a todo!”

Hoy día, el Señor conoce qué hay en nuestros corazones. San Agustín decía: “mi corazón está inquieto hasta que no descanse en el Señor”. Y ciertamente, tú y yo, tenemos inquietudes profundas del corazón, tenemos inquietudes que están en el alma más honda de cada uno de nosotros. Y la única manera de saciar esas inquietudes es descubriendo en el Señor nuestra respuesta y sabiendo responder como Santa María, nuestra Madre, con un “sí” generoso. Decirle ¡“sí” al Señor!, con todo nuestro ser y responder donándonos, dejando nuestras riquezas y haciendo de nuestra vida, una vida ¡siempre!, para el Señor.    

Collevalenza , Italia.

Con motivo de la VII Conferencia Mundial de Radio Maria.


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