Domingo de Pentecostés

Primera Lectura: Hch 2, 1-11 / Salmo Responsorial: Salmo 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34 / Segunda Lectura: 1 Cor 12, 3b-7. 12-13 / Evangelio: Jn 20, 19-23

Al cumplirse los 50 días de la Resurrección del Señor, celebramos la fiesta de Pentecostés. (50 días) cuando los judíos celebraban una fiesta para agradecer las cosechas.

Como nos dicen las lecturas de la liturgia de hoy, ese día los apóstoles con la Virgen María estaban encerrados con mucho miedo a los judíos y vienen fuertes truenos y vientos desde el cielo que los hacen salir a la calle con unas lenguas de fuego en sus cabezas y hablando de las maravillas de Dios sin ningún temor.

Jesús ya los había enviado en su última aparición diciéndoles: “reciban al Espíritu Santo, a quienes les perdonen los pecados, les quedaran perdonados y a los que no se los perdonen, les quedaran sin perdonar”.

Hoy celebrarnos esta fiesta una vez más y reflexionamos para entender quién es el Espíritu Santo y cual es su misión más importante.

Jesucristo revelo la esencia de Dios diciendo que son tres personas, no solamente una persona como lo creían los judíos, y por eso lo crucificaron y le dieron muerte. Según la revelación cristiana y nuestra fe, Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero. Este misterio lo vamos a celebrar el domingo próximo.

El Espíritu Santo es la tercera de las tres divinas personas. Y su misión más importante es: La Unidad.
La Unidad entre el Padre y el Hijo. La unidad entre Dios y el hombre: La encarnación del Hijo de Dios en el seno de la virgen María. La unidad en tu cuerpo y tu alma en tu propio interior de tu ser. Él te da la unidad y la paz por el perdón de tus pecados cuando rompes la unidad con Dios, con los demás y contigo mismo.

Él es quien nos hace Hijos de Dios en el Bautismo y viene a nosotros en el sacramento de la confirmación con sus 7 dones: Sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Por eso es muy importante recibir el sacramento de la confirmación y no dejar pasar tanto tiempo.

Demos gracias al Señor Jesús por habernos dado al Espíritu Santo que, como nos dice la Iglesia, procede del Padre y del Hijo y pidámosle que nos de los dones de la Unidad y de la Paz.

Unidad: para que nunca sembremos división ni envidias con nuestras críticas y nuestros comentarios que tanto dañan a nuestras familias a nuestros compañeros de trabajo y a nuestra comunidad parroquial. No seamos cizaña, seamos trigo con la gracia de Dios.

Paz: para que siguiendo el ejemplo de Jesús, a quien le pedimos que también sople sobre nosotros y nos envíe, seamos apóstoles sembradores y promotores de paz. En lugar de promover venganzas y violencia con tantas armas en nuestros hogares, mejor promovamos más oración. En lugar de armas, carguemos rosarios.

Que al celebrar Pentecostés, el Espíritu Santo nos arranque de los brazos del mundo, nos saque del encierro, nos quite el miedo y nos haga salir a manifestarnos al mundo como verdaderos cristianos. La Virgen María, Reina de Radio María, que acompañaba a los apóstoles nos acompañe también a nosotros. ¡Feliz día de pentecostés!

Padre Antonio Ortiz.


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