CUARTO DOMINGO ORDINARIO (C)

 «NINGUN PROFETA ES BIEN MIRADO EN SU TIERRA»

 (Lc 4,21-30)

R.P. Emilio Garreaud, Director Nacional

¿No seremos nosotros como los judíos de la ‚poca de Jesús?

Tan acostumbrados a una práctica externa de la fe que cuando se nos habla de una mayor exigencia y una mayor generosidad de nuestra parte; no nos sentimos interpelados.

Hoy es el mismo Señor Jesús, El que les predica y no lo querían escuchar. Les hablaba respecto a que El era el Mesías y ellos se escandalizaban.

Reconocían algo especial en el Señor Jesús, pero no lo querían escuchar.

En el caso de descubrir en el Señor Jesús al Mesías, ellos tendrían que cambiar y comprometerse y como no lo querían hacer, prefieren descalificarlo de plano.

¿No es ‚éste el hijo de José?

Jesús que no quería ir con rodeos les dice «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra».

Pone los ejemplos de Elías y Eliseo, que prefieren servir a los «gentiles» que a los propios judíos.

Finalmente, comprueba que sus conciudadanos efectivamente, no lo querían reconocer como el Mesías.

Su presencia definitivamente les incomodaba. ¿Tal vez porque sabía muy bien cu les eran sus debilidades?

«…Todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose lo empujaron hasta un barranco… con intención de despeñarlo».

Más allá  del desprecio y la incomprensión de los suyos El Señor Jesús cumple con su misión.

Ya había sido profetizado de El que sería «signo de contradicción» y que a Maria, su Madre, una espada le atravesaría el corazón.

Este acontecimiento es una constatación de que los «suyos no lo recibieron» (Prólogo de San Juan).

Como el discípulo no es m s que su maestro, igual sucede y suceder  con nosotros.

Nuestro camino nos dar  la felicidad absoluta, pero no sin difi­cultades.


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