4º. DOMINGO DE ADVIENTO.

Primera Lectura: Miq 5, 1-4a / Salmo Responsorial: Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19 / Segunda Lectura: Heb 10, 5-10 / Evangelio: Lc 1, 39-45

Después de haber recorrido durante tres semanas el camino del Adviento, hoy abrimos la cuarta y ultima semana y nos preparamos a celebrar la Navidad. Ya empezamos a escuchar los saludos y deseos de Feliz Navidad.

Las lecturas nos presentan la profecía de Miqueas sobre Belén, que aunque es un pequeño pueblito, Dios le va a conceder la grandeza de ser el lugar donde nacerá el Mesías, el Ungido de Dios.
San Pablo en la segunda lectura nos dice que al entrar este Mesías, Jesucristo, al mundo, ha tomado un cuerpo y viene a hacer la voluntad de Dios, dejando a un lado las ofrendas los sacrificios sin valor si no se ofrecen haciendo la voluntad de Dios.

Y en el Evangelio de San Lucas, el personaje que centra nuestra atención en este último domingo antes de La Navidad es María. De su comportamiento podemos destacar tres actitudes, tres virtudes, que nos son necesarias a nosotros:

1. La humildad: Es la virtud reflejada en María que se reconoce pequeña, indigna de la propuesta que le ha hecho Dios de ser madre de Jesús. A lo largo de toda su vida mantendrá esa actitud. No presumirá de su condición, no se queja cuando no hay posada para ellos en Belén, tiene que dar a luz en un pesebre, tiene que huir a Egipto… La humildad de María contrasta con nuestros comportamientos cuando queremos que todos sepan nuestros méritos para recibir honores y estar en primer plano. Nos cuesta reconocer nuestros errores, que nos corrijan.

2. La obediencia: María dijo a Dios: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad” porque confiaba, porque estaba segura que Dios no le pediría nada superior a sus fuerzas, que lo que Dios le pedía siempre sería bueno para ella y para los demás. A nosotros nos cuesta aceptar la voluntad de Dios y encontramos pretextos para hacer lo que queremos. Al rezar el Padrenuestro, tengamos presente que pedimos que se haga la voluntad de Dios.

3. El servicio: María fue corriendo a la montaña, a casa de Isabel, a ayudar, a acompañar, a prestar un servicio sin que se lo pidieran y lo hizo con toda su generosidad y alegría. A nosotros nos cuesta poner nuestro tiempo y trabajo al servicio de los más necesitados con generosidad y alegría.

Que nuestra cuarta semana de Adviento, al encender nuestra ultima vela de la corona, la Virgen María, nuestra Madre del Adviento nos impulse a imitar sus virtudes y dediquemos mas tiempo a la oración a Dios y al servicio a nuestros hermanos en la casa, en el trabajo y en nuestras comunidad.

Oremos con Santa Isabel a María, “Bendita tu entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre Jesús”. Amén.

Bendiciones,
Padre Antonio Ortiz.


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