FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA (C)

Escrito por el diciembre 27, 2018

REFLEXION PARA LA FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA 

30 de Diciembre de 2018

FAMILIA DE NAZARET

                   (Lc 2,41-52)

R.P. Emilio Garreaud I. Director Nacional

 

La Iglesia, nos invita el día de hoy, a reflexionar en torno a la Sagrada Familia y sobre nuestras familias.

Es, “Nazaret la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio. Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende incluso quizá de una manera casi insen­sible, a imitar esta vida”. (Paulo VI, Aloc. Nazaret 5-1-1964.)

En la Sagrada Familia, el hogar cristiano tiene su modelo a imitar. La comunión, el respeto mutuo, la reverencia  la liber­tad, que se percibe en la Familia de Nazaret, constituye un ejemplo para la vida familiar del ayer, hoy y mañana.

En medio de este mundo signado por tensiones y conflictos, la recuperación de la familia es una tarea urgente en medio de nosotros. Ella, no sólo es la célula fundamental de la vida so­cial, sino que por su propia constitución, nos predispone al encuentro de Dios “Familia”. Nuestra familia en la carne, debe ser plasmación del amor que se tienen el Padre y el Hijo en el Espíritu Santo. La familia exenta de conflictos, es signo del Amor de Dios en el mundo. Ver la plasmación del Amor Divino, en medio del mundo, nos presenta un horizonte distinto, para nuestras vida.

Se descubre que el amor no es una quimera, cuando se le percibe: en el amor que se tiene la pareja, en abnegación de los padres por sus hijos, en medio del trabajo necesario para el sostenimiento del hogar y en el trabajo apostólico.

Partiendo desde el trabajo personal de cada uno de los miembros del hogar, el amor entre los cónyuges y con los hijos, debe ser fermento  de amor a los “otros”. No podemos caer en el “egoísmo del nosotros” La pareja o la pareja y los hijos  tiene, que des­plegarse apostólicamente.

La santidad se construye en medio de la familia,  para los cónyuges. La opción por el amor generoso y para toda la vida, es indispensable para aquellos llamados a la vocación al matrimonio. Ser familia, por otro lado, entraña tener una serie de responsabilidades: en la educación mutua en la fe y el amor, y en la educación de los hijos en la fe y en la vida cristiana. Asimismo, el respeto a la vocación cristiana de los hijos y a su libertad para vivirla y responder al llamado que Dios les hace. Éste es un deber de los padres que deben respetar, pues es un derecho de los hijos que no puede ser violado.

Pidamos de manera especial hoy día por las familias peruanas; hoy en día golpeadas por egoísmos de distinta índole, para que siem­pre se mantengan al Señor Jesús como centro de sus vidas y firmes al Plan de Dios.


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