Erba, 5 agosto 2019

 

Queridos Amigos,

el último mensaje de la Reina de la Paz es un ferviente llamamiento a la oración: «Mi llamada para vosotros es la oración». No obstante, Nuestra Señora quiere dejar en claro con prontitud a qué forma de oración desea invitarnos. Se trata de esa oración que es experiencia de Dios y que, por lo tanto, es fuente de alegría, de sabiduría, de fuerza y de valor. Cuando la oración hace a Dios presente se convierte, pues, en oración incesante, «día y noche», se convierte en aliento del alma, en latido de amor del corazón. La Madre desea ardientemente esta noble forma de orar porque dirigiendo la mirada hacia el futuro ve un tiempo de pruebas, persecuciones y ante todo tentaciones, con las que Satanás, cada vez más suelto de las cadenas, intentará hacernos suyos mediante la incredulidad, la mentira y el pecado. Si no estamos atados a Dios con la oración no lograremos resistir y podríamos caer como los apóstoles en la hora del imperio de las tinieblas en Getsemaní. Tuvieron miedo, se perdieron en la noche de la incredulidad, huyeron, abandonaron al Maestro a su suerte. Uno de ellos negó a Jesús, otro lo traicionó. Nuestra Señora no quiere asustarnos pero, como hizo Jesús con sus apóstoles, nos advierte para que salgamos del sueño cansado de nuestras almas. Quiere que seamos suyos y de su Hijo Jesús, porque su Corazón será el refugio en el tiempo de la tormenta y la garantía de la victoria sobre el adversario. No podemos minimizar cuando Nuestra Señora nos invita a prepararnos para el futuro. Estas de Medjugorje son sus últimas apariciones en la tierra, son las del triunfo de su Corazón Inmaculado, en un mundo donde el pecado reinará y tratará de arrollarnos a todos. Nos espera la mayor batalla jamás combatida por la Iglesia. Por eso Nuestra Señora nos llama a la oración día y noche.

Vuestro Padre Livio – Directors’ Advisor

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“Queridos hijos! Mi llamado para ustedes es la oración. Que la oración sea para ustedes alegría y una corona que los une a Dios. Hijitos, vendrán las pruebas y ustedes no serán fuertes y el pecado reinará, pero si son míos vencerán, porque su refugio será el Corazón de mi Hijo Jesús. Por eso, hijitos, regresen a la oración hasta que la oración se convierta en vida para ustedes, de día y de noche. Gracias por haber respondido a mi llamado.»


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